La fé en Cristo

Probablemente ya has escuchado algo sobre Jesús, has asistido a una iglesia católica o evangélica, incluso es posible que ya hayas leído un poco la Biblia, o toda, y hasta puede ser posible que hayas servido en tu iglesia local, pero, ¿te has preguntado si realmente tienes una relación con Él?

Es posible que creas en Jesús, o que tengas dudas sobre Él, o incluso que lo niegues, a lo mejor crees en Dios, o dudas, o has llegado a rechazarlo, pero esta es la verdad, y no cualquier verdad sino la única verdad: Dios si existe, y es Uno. Él fue quien creó el universo, los cielos y la tierra, Él creo la vida, Él creo el tiempo y el espacio (pues Él esta fuera del tiempo y del espacio), Él lo creo todo, y Él nunca fue creado, porque, Él es Dios (dejaría de ser Dios si hubiese sido creado).

¿Crees en el bien y en el mal? Puede ser que pienses que sea relativo, que depende de la persona, del tipo de educación que recibió y del país en donde creció, pero el bien y el mal si existen, sin necesidad que alguien lo enseñe uno puede darse cuenta que el amor es bueno, y que el odio es malo, que ayudar es bueno, y que hacer daño es malo, que compartir es bueno, y que robar es malo, que animar es bueno, y que matar es malo. El bien y el mal existen, y esta es la razón: que Dios es Bueno, y en Él esta el Bien, pero fuera de Él esta el mal, porque el mal es la ausencia del bien, y cuando el bien no está, todo lo que sucederá a continuación será fatal.

Dios nos creó, no porque nos necesitara, no porque le hiciéramos falta, porque Él no necesita nada y a Él no le falta nada porque es Dios y es Perfecto (y al ser Perfecto esta completo). Él nos creó porque Él es Bueno y Él es Amor, y por eso creó el Universo, los cielos y la tierra, la vida, el tiempo y el espacio, y a nosotros, Él nos creó para que por siempre estuviéramos con Él. Pero, en esta historia perfecta de amor, nos alejamos de Él, y al alejarnos de Él surgió el mal, surgió el pecado, y nos ensuciamos, a modo que ya no podemos estar en la presencia de Dios. Estar en el cielo es estar en la presencia de Dios, estar fuera de la presencia de Dios es estar fuera del cielo, lo cual es el infierno.

Pero Dios es Amor, y Él no se olvidó de nosotros. Por muchos años Él llamó a los humanos a Su Presencia, pero nunca le escucharon, hasta que, finalmente, Él tomó la medida mas radical jamás imaginada por nadie: Él se hizo hombre, y vino para habitar entre nosotros; Él vino, nos mostró la Luz, nos mostró la Verdad, y Él es la Luz y la Verdad, y Él es la Vida, Jesús. Jesús mismo, la Vida, se sacrificó voluntariamente, y murió en la cruz. Él murió con todos nuestros pecados, el tomó el castigo que nosotros merecíamos, Él nos libró del infierno.

Pero Jesús es la Vida, Él no podía morir en la cruz. Al tercer día sucedió lo que Él dijo que iba a suceder: ¡Él resucitó! El no solamente revivió, ¡Él resucitó! Él volvió a la vida con Su cuerpo glorificado para nunca volver a morir, ¡Él volvió a la vida! ¿Te parece ilógico? No es ilógico si tienes en cuenta que Él es Dios, ¡y que para Dios no hay nada imposible!

Jesús venció a la muerte, y Él nos promete la Vida Eterna y estar de vuelta en la Presencia de Dios, en el cielo, para siempre. Él nos ofrece este regalo, pero depende de nosotros si lo tomamos o no, así como dependió de nosotros si pecábamos o no. Él nos dio libertad para decidir, decidir entre el bien y el mal, y Él quiere que creamos en Él, que le entreguemos todo nuestro corazón a Él, y esto lo logramos creyendo y confiando en Él.

Si Jesús resucitó significa que Él es Dios, y eso significa que la Biblia contiene la Palabra de Dios y que es verdad, significa que el Antiguo Testamento es verdad (y es verdad, porque todas las profecías sobre Jesús se cumplieron), y significa que el Nuevo Testamento es verdad (ya que son los discípulos que Él envió a predicar).

La Biblia dice, en Romanos 10:9 “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo“. Si tu crees que Jesús es Dios y que resucitó de entre los muertos, y que Él y solo Él puede salvarte de ir al infierno, lo cual es la verdad, y le pides de todo corazón a Él que te perdone y te salva, que se convierta en tu único Señor y en tu único Salvador, Él te salvará… ¿Solo eso? ¡Si, solo eso! Es un regalo que Él nos da, y a esto se le conoce como La Gracia.

Jesús te esta llamando. La Biblia dice, en Juan 3:16Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna“. Dios te ama, y Él no quiere que se pierda tu alma, así como también dice la Biblia en 1a Timoteo 2:4[Dios] quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad“.

Jesús te esta llamando, pero Él no te forzará, Él te dio libertad para elegir, la pregunta es, ¿aceptarás a Jesús como tu único Señor y Salvador?

¡Aceptarlo es la mejor decisión que puedes tomar en la vida! Para aceptarlo, solo debes de creer en tu corazón, y pedirle a Él que te perdone todos tus pecados, que salve tu alma, y que se convierta en tu único Señor y Salvador, y para hacerlo, puedes hacer una oración como esta:

Señor Jesús, reconozco que soy un pecador, reconozco que te he ofendido, que he hecho lo malo, y que merezco irme al infierno. Por favor, perdoname, no hay nada que yo pueda hacer para ganarme tu perdón, por favor, perdoname, y salva mi alma, pues yo creo que tu eres Dios, que tu moriste por nuestros pecados, y que tu resucitaste al tercer día, y que tu nos amas. Te reconozco como mi único Señor y Salvador, en ti confío. Gracias te doy Señor Jesús por haber muerto por mi en la cruz, y porque ahora tu me conviertes en tu hijo por el simple hecho de creer en ti, te doy gracias Padre Santo, y oro en el nombre de Jesús, amen.

Si has hecho esta oración, entonces, ¡Jesús ha perdonado todos tus pecados y te ha hecho hijo de Dios! Porque la Biblia dice en el Evangelio de Juan 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Si has hecho esta oración, ¡felicidades, has pasado a ser parte de la familia de Dios!